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Balance de la globalización después de la Conferencia de Davos

 

Por Howard Davies,
director de la London School of Economics

 

Unos pocos años atrás una coalición antiglobalización interrumpió con dureza la cumbre de la OMC en Seattle. En aquel entonces, las manifestaciones se centraban en las inequidades percibidas entre las economías del Norte con respecto a las del Sur.

Quizás la pregunta más importante del encuentro anual del World Economic Forum que se celebró en Davos es la referida a los ganadores y perdedores dentro de cada país.

Resulta cada vez más claro que los beneficios de la globalización están gravemente sesgados. Esta situación se puede observar con mayor claridad en los Estados Unidos, donde los ingresos reales de los últimos 5 años aumentaron en promedio sólo un 1,4% por año, apenas la mitad de la tasa de crecimiento de productividad.

Únicamente los principales 10 ganadores observaron el aumento de los beneficios con mayor rapidez que el aumento en la productividad, mientras el sueldo a aquellos en Wall Street, y en las principales corporaciones, ha escalado dramáticamente. Los ingresos medios a bajos se han estancado.

Los sindicatos británicos han ilustrado rigurosamente este punto con su reclamo, solicitando que por cada 100 libras ganadas por un empleado promedio en 2000, dicho empleado debe ganar ahora 106 libras, al tiempo que la paga de los directivos de empresas se ha duplicado en el mismo período.

¿Cuáles podrían ser las consecuencias de estos cambios? En sociedades democráticas resulta difícil imaginar que tales consecuencias pudieran pasar desapercibidas. Ya se comienzan a observar reacciones.

Las coaliciones de izquierda llegaron al poder en España e Italia. En Francia, Segolene Royal se ocupa del tema, mientras que en el Reino Unido se espera que Gordon Brown se muestre más condescendiente a los reclamos sindicales de lo que ha demostrado ser Tony Blair.

Y por supuesto hemos observado una ola de gobiernos populistas elegidos en América latina , a la vez que en los Estados Unidos se espera que los temas comerciales y económicos desempeñen un papel preponderante en la definición de la próxima elección presidencial.

En los próximos años, la distribución de los dividendos de la globalización podría convertirse en el punto más relevante de la agenda económica de las democracias occidentales. Se observará una presión para lograr protección y gravámenes punitivos.

Existe la percepción de que la respuesta de los globalizadores no ha sido hasta el momento lo suficientemente sensible respecto de las preocupaciones de aquellos que están perdiendo en la competencia con salarios bajos.

El hecho de que ya no hay vuelta atrás se ha convertido ya en un poco más que una aseveración. Pronto serán necesarios medios más selectos y sofisticados para la compensación y el reequipamiento de los perdedores en la competencia ampliada, si es que queremos evitar un viaje por el sinuoso y resbaladizo camino del proteccionismo nacional.

 

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